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Qué tan bueno es cargar a los bebés

Escrito por: Valeria Calderón de Nenes de Leche

El contacto físico es muy importante para los seres humanos. Y para los bebés es vital; tanto como la necesidad de alimentarse y de respirar. La explicación es sencilla: los bebés vienen al mundo y necesitan madurar; a su tiempo. La proximidad, que empezó cuando se formaba en el útero se desplaza cuando ve la luz, a los brazos de su madre o del cuidador que le brinde su cobijo y sus abrazos. Es como un reconocimiento a esa necesidad de continuar su presencia en este mundo mientras evoluciona, mientras madura y conoce su nuevo medio, mientras su cerebro realiza impresiones que le brinden estructuras de certidumbre y de tranquilidad para una posterior independencia. Si, independencia, y a su tiempo.

En brazos se favorece el desarrollo del bebé en todo sentido. Se trata de una necesidad sucesiva. Y evolutiva. Y es que el contacto le ayudará en sus avances emocionales, sociales, físicos; y promoverá el vínculo con los demás.

En algunos lugares del mundo, inmediatamente después del parto el bebé permanece en contacto con la mamá. No es infrecuente que el bebé llegue por sí solo al pecho, como se ve en este video:

Aunque es curioso, por no decir increíble, que en algunos centros hospitalarios todavía separen a los bebés de las mamás luego del parto y se los lleven a practicarles toda serie de valoraciones y procedimientos, desconociendo un espacio de tiempo mágico luego del parto en el que la oxitocina, la hormona del amor, se pone a trabajar reforzando el vínculo si no la molestan. Desconociendo que el cuerpo de la madre sigue siendo la casa del bebé, pero vista por fuera.

Esa proximidad facilita que un bebé recién nacido reciba el calostro a través de la lactancia, el cual le brinda protección contra enfermedades, además de alimento. Los brazos además le otorgan al bebé beneficios inimaginables, como el de normalizar su temperatura corporal, normalizar sus signos, los latidos de su corazón, la presión de sus arterias y su respiración. Los niños en brazos lloran menos.

Las madres no se quedan atrás. La cercanía con el bebé facilita la producción de hormonas que dan inicio a la lactancia, a la involución de la matriz que ha dado a luz, a la expulsión de la placenta. No es extraño que las mamás que tienen en brazos a sus bebés sufren menos de melancolía postparto y se sienten muy hábiles para desempeñar sus tareas de mamá.

Lo mejor de todo es que el contacto físico tiene beneficios que van más allá del nacimiento. Y también es curioso e increíble que todavía existan algunos que vean como inapropiada tanta cercanía, expresando su temor de que demasiados brazos resulten en bebés demandantes, dependientes y acostumbrados a ser cargados. Cuando los bebés no se acostumbran a los brazos sino que los necesitan. Cuando lo verdadero es que esa necesidad de cercanía se vive manifiestando en todos los bebés que la reclaman con llanto cuando la ven lejana, y cuando están más que probados los beneficios mutuos que se reciben al estar cerca.

Y es así como el cuerpo humano tiene un diseño propio para cargar, y para dar respuesta a un requerimiento natural, el de la cercanía física; cuando los brazos representan una entrada al mundo desde un sitio confiable que brinda la posibilidad de conocer, explorar y experimentar situaciones que le permitirán en el futuro hacerlo solo y de forma independiente, pero a su tiempo. Sin que nadie lo obligue, sin que nadie lo separe.

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