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Clases de parto más comunes

 

Escrito por: Valeria Calderón de Nenes de Leche

Si bien hay dos formas de nacer; por vía vaginal y por vía de cesárea, la llegada al mundo presenta diferentes modos. Muchas veces se busca el parto soñado, el cual permite escoger dónde y cómo se dará a luz, estos deseos se acompañan por lo general de un bien trazado o pensado “plan de parto”. Muchas veces lo que ocurre en la imaginación dista de lo que sucederá en la realidad.

 

El parto vaginal

Es ideal porque el bebé, al nacer por la vagina ofrece para la madre por lo general una rápida recuperación, menos posibilidades de infecciones, y menos lesiones. También la disminución del evento de algún problema respiratorio en el bebé y un buen inicio de la lactancia. El parto vaginal puede ser natural y desarrollarse fluidamente por sí solo o con la mínima participación o puede ser intervenido, es decir con medicamentos, analgesia, anestesia, instrumentos para ayudar al bebé a salir por el canal de parto, inducciones para adelantar la llegada del pequeño y otros procedimientos como rotura de la bolsa llena de líquido amniótico que contiene al bebé o cortes en el periné (ojalá no de rutina), para contribuir con su salida.

La cesárea

Es una cirugía mediante la cual se realiza un corte en el abdomen y en la matriz de la futura mamá para extraer al bebé, de manera que el bebé pueda nacer por esa vía. Es un recurso que debe usarse exclusivamente por indicación médica. Es decir, cuando no es viable un parto vaginal debido a una condición de salud. Por ejemplo cuando el bebé presenta algún tipo de sufrimiento dentro del útero y necesita interrumpirse el embarazo y traer al mundo al pequeño.

 

Lugares y formas de dar a luz

Los lugares donde se nace presentan también varias posibilidades. El bebé puede nacer en un centro de salud con la asistencia de un médico o un matrón o matrona. También en casa con o sin la ayuda de parteros o médicos que estén de guardia. Se puede dar a luz estando sumergida en una tina o piscina de agua; se puede recibir a un bebé en un lugar remoto donde la asistencia es brindada por mujeres que dominan el arte milenario de la partería, donde ni siquiera se tiene acceso a servicios de salud o, por el contrario, en centros con tecnología de punta y atención personalizada por parte de un médico de preferencia y la compañía de una doula o acompañante de parto.

Y por último está la forma de dar a luz. Muchas prefieren el silencio, poca luz y la menor intervención posible. Otras ni notan que hay música durante el parto, incluso alguna salsa de fondo por si el bebé nace con espíritu alegre. Algunas prefieren que no haya ningún tipo de analgesia ni anestesia salvo la que produce liberación de sus propias endorfinas o el hipnoparto; otras se valen de la epidural y de calmantes para el dolor.

También están las futuras mamás que prefieren que no haya aparatos que estén midiendo el comportamiento del bebé en el útero y otras que siguen al pie de la letra los protocolos de algún centro asistencial que se valga de la ayuda de aparatos de monitoreo.

Existen ayudas como masajear algunos puntos de presión, métodos de relajación, balones gigantes de goma para sentarse durante el trabajo de parto y la posibilidad de caminar por donde quieran, así como las canalizaciones o la rotura de membranas que por lo general están precedidas de la indicación de no moverse. También el número de personas asistentes varía, la posibilidad de tomar o comer o no, el momento del corte del cordón umbilical o el no cortarlo, la posibilidad (ideal y beneficiosa) de iniciar la lactancia dentro de la hora siguiente al parto o no.

Son muchas las variables que se pueden presentar durante el trabajo de parto y su resultado. El deseo es que ojalá todo suceda como se piensa, y que de ese sueño llegue al mundo un bebé sano, con una mamá sana y lista para conocerlo ahora ya por fuera de su cuerpo.

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