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Qué nombre ponerle a tu bebé

Escrito por: Sandra Aguja

Te acaban de comunicar que estás embarazada y en medio de tus emociones encontradas y la incertidumbre que te invade, existe una duda no menos importante que las otras: ¿cómo llamaré a mi bebé?

Aunque no lo creas, saber elegir el nombre para tu hijo es tan importante como asistir a cada uno de tus controles médicos, porque no sólo se encargará de identificarlo ante los demás sino que le proporcionará una identidad y esa personalidad que es única e irrepetible.

De acuerdo con los derechos fundamentales que tiene cada pequeño: todo niño tiene derecho a tener nombre y apellido, como un reconocimiento oficial de su existencia y de sus derechos. Pero más allá de este acto justo, recuerda que el nombre que elijas para tu bebé será la identidad, que tanto tú como tu pareja le darán, incluso desde antes de nacer.

Si ya sabes si tu bebé será niño o niña, no dudes en buscarle un nombre y, desde ese mismo momento, al despertar o al dormirte dile “buenos días…” o “buenas noches…” y llámalo por su nombre; también puedes acariciar tu vientre y preguntarle –diciendo su nombre- cómo se siente. Con estas sencillas prácticas crearás con él o ella un vínculo ineludible.

¿El nombre de moda o el tradicional de la familia?

La creatividad no tiene límites al momento de buscar un nombre para tu bebé. Están los de moda, los nombres de jugadores de fútbol o de cantantes, los de lenguas extranjeras y, aunque no lo creas, los de algunas marcas. Rustem, Shokhzoda, Freja, Mouhamadou, Alessandro… son nombres de algunos jugadores de fútbol; Shakira, Britney, Beyoncé, Miley, Rihanna, Whitney, de algunas cantantes a quienes puedes admirar. Pero, ¿realmente así quieres que se llame tu hijo o hija?

No lejos puedes estar de esta realidad. En Colombia, en la Registraduría Nacional del Estado Civil reposan registros recientes con nombres de personajes famosos como Obama, James o Faryd. Más otros nombres con anécdota y todo, como Usnavy. De acuerdo con este organismo, es una variación de la forma como vienen marcados los barcos de la Armada de los Estados Unidos que llegan al puerto de Buenaventura: U.S. NAVY. Pero hay otros más como para el concurso del sin tocayo: Jheya, Dios Dado, Maisawa, Hamdy… o compuestos como Adriana Clemencia del Corazón de Jesús y de la Santísima Trinidad.

Un dicho popular dice que “entre gustos no hay disgustos”, pero tratándose de tu bebé es mejor que su nombre no sea impronunciable, extravagante, ridículo, inequívoco para su sexo, de marcas (Sony, Pirelli, Jaguar, etc.) o de lecturas fantásticas (Harry Potter, Blanca Nieves, Cenicienta, etc.).

Otra tendencia muy tradicional en las familias es llamar a sus hijos con los mismos nombres de sus padres. Aunque es una idea muy heredable, regularmente si llamas a tu bebé igual que su papá, terminará perdiendo su nombre por un simple junior para no confundirlos o por un Carlos II. Sin embargo, donde si puedes buscar es entre los nombres de sus abuelos y demás familiares significativos para tu familia o la de su padre.

Paciencia y tómate tu tiempo

Como no querrás que tu hijo o hija piense con los años cambiarse el nombre que con tanto esmero elegiste, búscalo con calma y piensa en cómo quieres que sea ese pequeño que está por nacer o en qué cualidades quieres desarrollarle. Opciones de nombres hay muchas: latinos, hebreos, griegos, italianos, bíblicos… cada uno con un significado. Sara significa princesa; Alberto, que brilla con nobleza; Alejandra, protectora de los hombres; Sofía, Sabiduría; Rafael, Dios ha curado; y Sebastián, venerable, son sólo algunos ejemplos.

Fuentes de información también hay muchas, como los libros de los nombres y la web. En esta última encontrarás muchas páginas en las que te aclararán el origen de los nombres, su escritura y su significado.

Unos apuntes finales: cuando elijas el nombre para tu bebé trata de que sea sonoro con sus apellidos y que no se preste para juegos de palabras malsonantes o posibles burlas (Armando Acero); si prefieres los nombres compuestos, deben combinar entre sí; busca uno culturalmente apropiado (hablando de nacionalidad y de familia); evita aquellos nombres que terminen con la misma letra con la que empieza su primer apellido porque se complica su pronunciación, y obvia esos nombres de escritura o pronunciación muy difícil.

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