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¡Y se llamará! ¿Cómo elegir el nombre de tu bebé?

 

Escrito por Camilo Bolívar

Seguramente para el coronel juan Vicente y para doña María de la Concepción, padres de Simón Bolívar, no fue muy complicado escoger el nombre del futuro libertador: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. Mucho menos lo sería para los papás del gran artista del siglo XX, Picasso, al llamarlo Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad.

En cambio para Cristalda, no tan reconocida como los ya citados, encontrar un nombre para su niña, que estaba a pocas horas de nacer, resultó todo un “camello”, como dicen los jóvenes de ahora. Había pensado en una y mil opciones; algunas le gustaban un día y al otro ya no. Pero, en medio de todo, para ella era un alivio saber que iba a ser mujer y así no tendría que redoblar esfuerzos pensando en nombres de hombre. Lo único que tenía claro era que no la llamaría como ella, pues creía que no había motivo alguno que justificara una venganza en contra del ser que amaba y que estaba por venir al mundo.

Y es que elegir el nombre del futuro bebé es para algunos padres un asunto muy importante y dificultoso, al punto de crear discordia entre la pareja cuando no pueden ponerse de acuerdo. Para otros, el tema no es tan espinoso, ya que lo han definido desde mucho tiempo atrás o porque para ellos este tema no reviste tanto interés. Tal vez opinan igual que un sacerdote rector de un colegio que, hablándoles a los padres, comentaba que no comprendía por qué los papás se desvelaban tanto para escoger el nombre de sus hijos, si los jóvenes de hoy cuando se saludan solo se llaman de dos maneras: “quiubo” y “qué más”.

 

Su importancia

En épocas de colegio somos un número ¿No te acuerdas acaso cuando los docentes nos llamaban a lista y decían el uno, el 19 o el 38 y tú contestabas “presente”? Para los desconocidos somos un simple “hey”, “sardina”, “man”, “mona” o “cucho” y para un imprevisto amor platónico el “churro” o la “mamacita”. Pero para tus compañeros, amigos y familiares, siempre serás Ricardo, Liliana, Jorge, Alberto, Carmen, Nora… Y esa forma de nombrarte crea, desde el mismo embarazo, un vínculo más estrecho entre los padres y el bebé”.

El nombre le aporta a todo ser humano un sentido individual de pertenencia y de identidad que lo va a distinguir durante toda la vida ante los demás y ante la comunidad. En lo social le va a permitir realizar innumerables trámites y procedimientos legales y solicitar la expedición de documentos: registro civil, cédula de ciudadanía, certificado judicial, escrituras, pasaporte, cuentas de ahorro, tarjetas de crédito, matrículas, y un largo etcétera, etcétera…

Si bien el hecho de saber qué nombre se va a dar a los hijos no es un asunto tan determinante, sí se debe tomar en serio y reflexionar con paciencia y durante un tiempo prudente. Hay que tener en cuenta que es el primer regalo que le ofreces al bebé y, a diferencia de los demás, no puede ser tirado fácilmente a la caneca, no podrá ser remendado o heredado a otra persona, y más bien perdurará durante toda su existencia, mientras él o ella no decidan cambiarlo.

 

Cómo elegirlo

En épocas anteriores se creía (y este pensamiento todavía se mantiene en algunos lugares) que el nombre del bebé determinaba su destino y su fortuna en la vida, y que uno bien elegido otorgaba poder y atraía el favor y la protección de los dioses. Lo cierto es que la mayoría de los nombres surgieron en la antigüedad y que cada uno tiene un significado etimológico, sin importar si sus raíces son de origen hebreo, latino, griego, germano o vasco… Éste es un aspecto que puedes tener en cuenta por sí, de pronto, estás próximo (o próxima) a ser papá (o mamá).

En la labor de encontrar un nombre adecuado intervenían, además de los padres, los padrinos y hasta el párroco, pues se le daba gran importancia al santoral y, según la fecha de nacimiento de la criatura, se tenía en cuenta el santo del día. Bienaventurados quienes nacían el 30 de noviembre, día de San Andrés; el 26 de julio, de Santa Ana, o el 22 de noviembre, de Santa Cecilia. Tal vez no tenían igual suerte los nacidos el 14 de febrero, día de San Cirilo y San Metodio; el 29 de febrero, de San Dositeo o el 10 de febrero, de Santa Escolástica.

Durante mucho tiempo, los padres le daban preponderancia al significado de los nombres y escogían alguno que pudiera ir acorde con la personalidad que querían que se destacara en él y que careciera de connotación negativa. Otros se ceñían a la tradición familiar y llamaban al bebé igual que un pariente querido, principalmente el papá, la mamá, el abuelo o la abuela, según fuera niño o niña.

Además de tener como fuente de inspiración el santoral (si crees que el santo le dará a tu pequeño o a tu pequeña alguna protección especial) o tu árbol genealógico, porque piensas rendirle un homenaje a un ser querido, también puedes analizar otras opciones para nombres, como los que están de moda, los originales, los bíblicos, los de personajes históricos, los de personalidades de la nobleza, los de celebridades de la farándula, de la literatura, de las ciencias o de la política o los de origen indígena: quechuas, mayas, guaraníes o mapuches.

En cuanto a la numerología, disciplina que permite saber la información, cuantitativa y cualitativa, que tienen los números en relación con la psicología y la espiritualidad de cada persona, también quizás te ayude a elegir el nombre de tu pequeño o pequeña. Con el valor de numerológico de un determinado nombre se averigua la expresión de su personalidad, si es afortunado y poderoso y, además, si combina con los apellidos y los objetivos que deseas en la vida para ese nuevo ser.

En cierta medida, los padres de hoy tienen mayor libertad y más fuentes de inspiración para escoger el nombre de sus futuros hijos; lo pueden hacer a través de libros, en diferentes páginas de internet o basándose en los que escuchan en su cotidianeidad. Lo importante es que aquel que determinen no sea en el futuro objeto de burla o de trauma para su hijo o hija, y que cuando se pronuncie con sus apellidos sea sonoro.

 

Legislación colombiana

En algunos países de América Latina, las leyes impiden bautizar a los recién nacidos con nombres raros. En otros, como Estados Unidos y Colombia, hay cierta libertad, y la imaginación de los padres no es coartada por las legislaciones que abordan el tema. El Decreto 1260 de 1970 del Código Civil colombiano “por el cual se expide el estatuto del registro del Estado Civil de las Personas” reza en el artículo 3: “Toda persona tiene derecho a su individualidad y por consiguiente, al nombre que por ley le corresponde. El nombre comprende, el nombre los apellidos y en su caso, el seudónimo. No se admitirán cambios, agregaciones o rectificaciones del nombre, sino en las circunstancias y con las formalidades señaladas en la ley. El juez, en caso de homonimia, podrá tomar las medidas que estime pertinentes, para evitar confusiones”.

Sin embargo, aquellos ciudadanos que no estén de acuerdo con su nombre o que, por alguna otra razón, quieran cambiarlo, pueden hacerlo; en el artículo 94 modificado, del Decreto 999 de 1998 dice: “el propio inscrito podrá disponer, por una sola vez, mediante escritura pública, la modificación del registro, para sustituir, rectificar, corregir o adicionar su nombre, todo con el fin de fijar su identidad personal”. Es decir, que si a Carlos Jostericio no le gusta su nombre podría cambiarlo por Juan Jostericio…

 

RECUADRO

En defensa del buen nombre

Papá y mamá, independientemente de las diferencias que puedan tener al escoger el nombre de su hijo o hija, pueden seguir algunas recomendaciones para que en el futuro su retoño no sienta que fue castigado o que su nombre fue producto de un disgusto o de un mal momento de sus padres.

Compuesto sí pero armónico. Si a tu bebé le pones dos nombres, no le pongas tres. Además, procura que la combinación suene bien, como Juan Carlos o Luz Estela. No hay música en tus oídos cuando escuchas Dionisio Marcos o Valentina Pamela.

Evita la cacofonía, la redundancia y las combinaciones que causen risa. Mónica Castro, Lina Helena Luna, Álvaro Álvarez Alvarado, son mezclas desagradables y repetitivas de nombres y apellidos que, con seguridad, serán motivo de burla y bromas continuas.

Ten cuidado con los nombres extranjeros. Muchos quizás te suenen bonitos, pero pueden ocasionar múltiples dificultades y demoras en trámites notariales, expedición de documentos legales, etc., al no coincidir, por ejemplo, la ortografía del registro civil con la de la cédula o la partida de bautismo. Un caso específico puede ocurrir con Janet, Janeth, Janneth, Jeannette, Yaneth… o con Maicol, Michael, Micael…

No elijas nombres raros. Estos desentonan con los apellidos y atentan contra la dignidad de la persona. En ocasiones, ni siquiera sus “víctimas” lo saben pronunciar o escribir: Wendy Yurlady Piraquive o Nayiber Yolvy Ramírez son un ejemplo. Otros son sacados de empresas extranjeras o por fanatismo deportivo: Harley, Gualdisney, Deportivo Independiente Medellín…

No trates de ganar el premio del “Sin tocayo”. Por querer ser original o ponerle al bebé un nombre único e irrepetible, no puedes herir los sentimientos ni afectar la autoestima de tu hijo. Recuerda que va a crecer y, con el tiempo, seguramente no se sentirá orgulloso de la manera como lo nombraste.

 

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