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Qué hacer cuando los bebés y niños sufren de mamitis

 

Escrito por: Juan Camilo Bolívar

Asesorado por el psicólogo Manuel Ruiz Díaz

Con mami y nadie más

Con el papá no, con los abuelos tampoco, con tíos o allegados menos. ¿Entonces con quién? Sólo con súper mamá. Es una actitud común de muchos niños que en determinada época de sus vidas quieren estar exclusivamente en brazos o en compañía de quien los engendró y les dio la vida.

No quiere decir que rechacen o hayan dejado de querer al padre o a sus hermanitos. Probablemente sucede porque aún no han sido criados para tener confianza en sí mismos y afrontar situaciones novedosas por sí solos.

Pero también puede ser un mecanismo de defensa que utilizan debido a un suceso que los ha afectado y quieren recobrar su autoconfianza con quien establecieron fuertes lazos afectivos desde antes de su nacimiento.

Por eso, ante temores, novedades, cambios y separaciones, algunos bebés y niños buscan refugio en el ser con el que puedan encontrar mayor comodidad y seguridad o, de lo contrario, lloran sin consuelo alguno y patalean para que se cumplan sus demandas.

Y en este proceso eligen a su mamá porque con ella compartieron su vientre, fue quien primero les ofreció abrigo, con quien más han compartido su breve historia y a la que perciben como su principal escudo protector.

 

Sólo con ella

El ingreso al jardín infantil o a un colegio, una enfermedad reciente, el cambio de casa, el nacimiento de un nuevo hermanito o el reintegro de su madre a sus obligaciones laborales, son tan sólo algunos de los factores que pueden despertar en el pequeño un deseo de atención, protección y dependencia de mamá.

Y aunque puede ser un comportamiento pasajero en diferentes etapas de su existencia (especialmente entre los 6-9 meses de vida y a los 2 años), para que no se extienda mucho en el tiempo es fundamental que desde pequeños se les enseñe que necesidades como su alimentación, paseos, baños o arreglo personal no dependen exclusivamente de sus madres.

No te va a resultar difícil descubrir si tu pequeño sufre de mamitis, pero no está de más recordar algunos de los síntomas más comunes:

  • Llamarte constantemente cuando no estás frente a él.
  • No querer ni aceptar nada con alguien distinto a ti.
  • Llorar frecuentemente si no te ve.
  • Desear realizar actividades exclusivamente contigo: baño, alimentación, juego, ida al colegio, etc.
  • Sostenerse de tus piernas cuando intuye que vas a otro lado sin él.
  • Sentir celos cuando prestas más atención a tu pareja o a otros hijos y personas.

 

Sin mamitis

Para evitar tanto apego y que tus ausencias, pasajeras o extensas, causen temor y dolor en tu hijo, puedes poner en práctica ciertas estrategias que lo ayudarán a permanecer más tranquilo, a fortalecer su autonomía, a prepararse mejor para tus distanciamientos y a no ser tan dependiente de ti.

 

  • Juega con él. Como juguetear es de sus placeres preferidos, es la forma más sencilla para recuperar poco a poco su confianza y seguridad. Puedes ingeniarte actividades que te permitan retirarte por breves momentos del lugar donde esté y volver al rato, cada vez durante más tiempo hasta que se acostumbre a no verte tan seguido y sin llorar o reclamar.

 

  • Compártelo con los demás. Permite que el papá, abuelos y otros familiares, al principio con tu presencia, tengan contacto más directo con tu hijo, que jueguen y compartan momentos con él para que vaya adquiriendo más confianza y afinidad con otras personas. Más adelante ya podrás acceder a que interactúen sin que necesariamente tú estés.

 

  • Distribuye deberes. Forma un equipo coordinado con tu pareja para que se dividan y se alternen unas tareas y otras las hagan entre los dos, con el fin de que tu hijo se sienta protegido y respaldado por ambos. Mientras tú te encargas de su alimentación y el baño, papá puede vestirlo y darle un paseo, por ejemplo. Incluso, involucrar ocasionalmente a otras personas de confianza puede ser provechoso.

 

  • Dale su tiempo. No pretendas que tu hijo deje de sentir mamitis de un momento a otro. Actúa con paciencia, tranquilidad y mucho afecto. No lo obligues a estar a regañadientes con otras personas ni lo reprendas porque llora o quiere aferrarse a ti en determinadas situaciones, como cuando un extraño lo mima o quiere alzarlo.

 

  • No desfallezcan. Debes tener presente que este tipo de comportamiento es normal de acuerdo con las pautas de crianza que se hayan empleado con tu hijo, pero también que cada caso es diferente y que la actitud de tu pequeño puede durar mucho o poco tiempo. Lo fundamental es que comprendan que esta etapa debe ser temporal y que deben hacer los cambios necesarios para que el niño gane confianza en sí mismo.

 

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